ballena2.jpgMe acaba de contar un pajarito que en los mares del norte, más específicamente en una isla del pacífico norte, están discutiendo el futuro de una especie, una rama de los cetáceos, la verdad no creo necesario decir que países son los que necesitan de la carne de ballena en sus platos del almuerzo, o si sus poblaciones están muriendo de hambre o no, todos los que amamos a las ballenas sabemos como a lo largo de la historia han sido veneradas como criaturas fantásticas, han tenido un gran reconocimiento siempre por todas las cultura que pudieron surcar los mares junto a ellas, hace miles de años, pero hoy es diferente, ahora ya no las necesitamos, incluso parece que ya no las entendemos, o no las veneramos como antaño, desde que se inicio la revolución de la codicia o industrial como le gusta llamar a los mojigatos, las ballena han sido asesinadas sin piedad, quizás su talla de coloso no deja ver el real daño que les hacemos, nos maravilla la idea de matar al ser más grande que ha existido en este mundo, sólo por el hecho del orgullo que eso da, pero tal vez eso sea una mentira también, quizás eso era cuando cazábamos con arpones y redes de mano, pero ahora con la invención de la dinamita es más fácil hacerlas explosionar, y no por el orgullo sino por el dinero que da cada gramo de ballena en el señor mercado, incluso para satisfacer el apetito de gente que jamás ha conocido el hambre o la falta de comida en su mesa, una vez escuche que las personas que cuidaban a la ballenas eran resentidos, por el hecho de nunca haber probado la carne de ballena, quizás eso sea verdad, hay un poco de resentimiento pero no por no comer carne de ballena, sino por permitir que eso pase hoy, algo estamos haciendo mal y no creo que sólo sea comer carne de ballena, hace tiempo que tenemos sed de sangre, quizás como los leones que una vez probaron la sangre humana, ya no pueden dejar de comer humanos nunca, algo similar debe ser con las ballenas, pero que pasará cuando la última ballena muera en el estomago de un japonés millonario, o de un magnate noruego, o de un rey escandinavo, que haremos entonces, que comerán ellos, ¿morirán de hambre?, no lo creo, ellos apuntarán sus paladares a otra bestia, quizás a un bistec de humano, ya que será lo único que quede, no debemos permitir que maten al último cetáceo, no por miedo a ser lo próximo en el menú, sino que sólo por respeto a un ser pacífico y grandioso que nos ha acompañado desde el comienzo, un ser que no merece lo que le hacemos, la verdad no encuentro las palabras para poder describir lo fascinante que es ver a una ballena y escuchar su canto, pero quizás nuestro hijos no alcancen a ver una nadando libre, esperemos que no sea necesario ponerlas en un acuario gigante para poder cuidarlas, tal como hacemos con muchas especies hoy.

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